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La Guerra que vendrá

De Juan Farias



Pedro sabía hacer pan, habia cumplido veinte años y estaba enamorado de Ana.
Díficilmente se podía ser más rico.
Ana amaba a Pedro y quería tener cinco hijos, una casa, un jardín y flores por todo el jardín. Una mañana, cuando Pedro estaba a punto de ponerse aquella camiseta llena de letras, llegó un hombre, que le dio una escopeta y le puso un casco.

- Vamos a la guerra – le dice ese hombre.
- ¿Por qué causa lucharemos?- pide Pedro.
La respuesta llega de muy lejos, de un refugio subterraneo, de un político honrado.
- Dicen que somos unos impertinentes, soldado.
Estarás de acuerdo conmigo que es necesario hacerse respetar.

(Nadie ha culpado nunca al que estafa en el peso del pan, al que no depura los humos de su fábrica, al propietario que echa a sus inquilinos, al conductor que siempre quiere tener razón, al que engorda el ganado con hormonas, al que se cree hombre blanco, al que se cree hombre negro, al que fabrica bombas, al que dice: “sólo es un perro”, y más, y más, tantos como hijos puedan engendrar los Siete Males).

Pedro fue a la guerra que le habian vendido y se encontró la guerra que es.
Pasó un año, y dos.
Un día, Pedro oyó gritar:
- ¡Victoria!

Pedro vió que debajo habia una larga lista de nombres, todas de personas muertas.
Pedro era un hombre honrado, por eso no supo distinguir los vencedores de los Vencidos.

Pedro y Ana se volvieron a encontrar en el camino de ida, que era el que quedaba.
- Dame la mano. Juntos llegaremos más lejos. – dice Pedro.
- ¿Dónde?- pide Ana.
- No lo sé- responde Pedro.
Ninguno de los dos se atrevió a sonreir.
Caminaban por su primavera hecha añicos.





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